lunes, 16 de mayo de 2011

Conversión y reconversión

Mi conversión ha sido muy rara, siempre estuve rodeada de gente que me ama, que da la vida por mí y para mí fueron caricias del Padre Dios durante toda mi vida.  Sin embargo en esos extravíos cuándo el alma se levanta contra Dios, y más que el hijo pródigo en esta historia yo era la hermana mayor, !cómo uno busca ser feliz a toda costa! sin tener en cuenta un plan mayor y sin ver a quién está a mi lado, esperando al hijo menor, sin ver al Padre Dios.

Siempre fui formada con el "quererlo todo" porque me lo dieron todo, cosas, afectos, amor, protección, libertad, no tuve límites, hacía y deshacía conforme a mi conciencia me dictara lo que está bien y mal.

Tuve que tocar fondo en mi realidad, reconocer que también fui  la hija menor, la que pidió la herencia y se marchó lejos de casa,  y en el afán de querer abarcarlo todo, tuve que tocar fondo, reconocer mi torpeza en mi forma de "amar" y ponerme de pie para decirle a mi Padre que no merecía ser su hija que me trate como a uno de sus trabajadores.

En esta historia y en muchas otras puedo asegurar cuán importante es la obediencia y  reconocer que somos nada sin Él. En justicia tenía que  redescubrir la bondad de mi Padre Dios, su misericordia, su inmenso amor para conmigo y llevarlo de la mente  al corazón.

Cuándo el Padre Dios me vio, no me dejó hablar, ni darle explicaciones de por qué había actuado así, se alegró, me abrazó y mandó a ponerme sandalias, el mejor vestido y celebró junto con otros amigos que su pequeña ovejita había vuelto a casa.

Ahora siento que ya no puedo callar, soy parte de un Plan de amor ya destinado antes de todos los siglos, y ahora es necesario anunciarlo a tiempo y a destiempo, y aunque sé que no se deja ganar en generosidad, quiero llegar a dar la Vida por Él, es lo que deseo hacer por su gran amor para conmigo, él es a quien necesito, la fascinación de mis sentidos, que fuera de él están perdidos, el da sentido a mi existencia, él es mi fortaleza, y en este Mundo que a veces se me va de las manos con su Madre bella y con El Espíritu Santo ya no temo nada, ya no puedo estar triste, mi vida entera cambió ya no quiero otro amor...

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